La hipertensión arterial sistémica (HAS) afecta al 29.9% de los adultos mexicanos. De acuerdo con los datos incluidos en el protocolo, el 17.7% tenía diagnóstico previo y, entre estos pacientes, el 82.5% recibía tratamiento farmacológico, pero únicamente el 57.4% alcanzaba las metas de control. Ante este panorama, la actualización 2026 del Protocolo Nacional de Atención Médica (PRONAM) busca estandarizar el diagnóstico, tratamiento y seguimiento desde el primer nivel de atención.

Diagnóstico y detección. El protocolo mantiene como criterio diagnóstico general una presión arterial (PA) ≥140/90 mmHg en consultorio. Sin embargo, en pacientes con diabetes, dislipidemia, enfermedad renal crónica o daño a órgano blanco, establece un umbral de ≥130/80 mmHg. Recomienda confirmar el diagnóstico mediante mediciones domiciliarias, monitoreo ambulatorio de presión arterial (MAPA) o una nueva valoración en consulta. Los puntos de corte para hipertensión son ≥135/85 mmHg en domicilio y ≥130/80 mmHg para el promedio de MAPA de 24 horas.

El tamizaje debe realizarse al menos cada tres años en adultos menores de 40 años sin factores de riesgo y anualmente a partir de los 40 años. Para mejorar la precisión diagnóstica se recomienda utilizar dispositivos automáticos validados, reposar cinco minutos antes de la medición y realizar tres tomas en consultorio, promediando las últimas dos.

Evaluación del riesgo cardiovascular. Una vez establecido el diagnóstico, se recomienda utilizar la calculadora HEARTS en las Américas para estimar el riesgo cardiovascular a diez años. Se consideran de alto riesgo los pacientes con diabetes tipo 2, daño a órgano blanco, más de dos factores de riesgo adicionales o riesgo calculado superior al 10%. La enfermedad cardiovascular establecida, la enfermedad cerebrovascular y la enfermedad renal crónica identifican pacientes de muy alto riesgo. La evaluación inicial debe incluir función renal, relación albúmina/creatinina urinaria, electrolitos, perfil lipídico, HbA1c y electrocardiograma, entre otros estudios.

Tratamiento farmacológico. Uno de los puntos centrales del PRONAM es la recomendación de iniciar con terapia combinada en la mayoría de los pacientes, preferentemente en un solo comprimido. Las combinaciones iniciales son un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) o un antagonista del receptor de angiotensina (ARA-II) junto con un calcioantagonista o un diurético tiazídico.

Si no se alcanza la meta después de un mes, se recomienda aumentar la combinación a la dosis máxima tolerada y posteriormente escalar a terapia triple con IECA o ARA-II, calcioantagonista y diurético. La monoterapia se reserva principalmente para pacientes con fragilidad, hipotensión ortostática o edad avanzada, especialmente a partir de los 85 años. En hipertensión resistente debe descartarse pseudorresistencia, valorar espironolactona y referir al especialista.

Metas de control y situaciones especiales. El objetivo general es mantener una PA menor de 130/80 mmHg, individualizando el tratamiento según las características del paciente. En adultos mayores frágiles o mayores de 85 años se contemplan metas menos estrictas, cercanas a 140/80 mmHg en quienes presentan dependencia severa. En pacientes con diabetes o enfermedad renal crónica se mantiene la meta menor de 130/80 mmHg. Durante el embarazo están contraindicados los IECA y ARA-II, por lo que se requiere un abordaje específico y referencia a atención especializada.

Intervenciones no farmacológicas y seguimiento. El protocolo recomienda reducir el consumo de sal, adoptar una alimentación saludable, disminuir entre 5 y 10% del peso corporal cuando corresponda y realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, complementada con ejercicios de fuerza. También enfatiza el control integral del riesgo cardiovascular, incluyendo estatinas según el perfil de riesgo y antiagregación únicamente cuando exista indicación de prevención secundaria.

El seguimiento debe ser mensual en pacientes recién diagnosticados o fuera de metas y trimestral cuando existe un control adecuado.

La principal implicación clínica de esta actualización es la adopción de un tratamiento más temprano e intensivo en pacientes seleccionados por su riesgo cardiovascular, con preferencia por combinaciones farmacológicas desde el inicio y ajustes terapéuticos mensuales hasta alcanzar el objetivo de control.

Fuente:

Consejo de Salubridad General, Secretaría de Salud. Protocolo Nacional de Atención Médica (PRONAM): Hipertensión Arterial Sistémica. 2.ª ed. Ciudad de México; 2026.