Durante más de dos siglos, el estetoscopio ha sido una herramienta esencial para escuchar el corazón y los pulmones. Ahora, uno de sus sucesores busca hacer algo más: convertir los sonidos que escucha el médico en información digital que pueda analizarse y conservarse.

Eko Health presentó el CORE 300, un estetoscopio digital que combina la auscultación tradicional con amplificación, reducción de ruido y análisis mediante inteligencia artificial (IA) para ayudar a identificar posibles soplos cardiacos estructurales. El dispositivo recibió autorización 510(k) de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y comenzó a comercializarse en ese país el 22 de octubre de 2026.

A simple vista, el CORE 300 conserva la apariencia y el funcionamiento familiar de un estetoscopio. Sin embargo, al cambiar a su modo digital puede amplificar los sonidos hasta 35 veces, reducir el ruido ambiental y mostrar la frecuencia cardiaca en tiempo real. La intención es facilitar la auscultación incluso en escenarios donde las condiciones acústicas pueden dificultarla.

La transformación ocurre cuando el dispositivo se conecta con la plataforma digital de Eko. Los sonidos cardiacos y pulmonares pueden grabarse y visualizarse, mientras que el sistema utiliza un algoritmo autorizado por la FDA para analizar los registros y detectar patrones compatibles con soplos cardiacos estructurales.

La tecnología no pretende reemplazar la exploración física ni convertir un hallazgo automatizado en un diagnóstico definitivo. Un soplo detectado durante la evaluación puede requerir estudios complementarios, como ecocardiografía, y la valoración de un especialista según el contexto clínico.

El verdadero cambio está en otro punto: la auscultación deja de ser exclusivamente una experiencia entre el oído del médico y el cuerpo del paciente para convertirse también en un registro digital que puede analizarse posteriormente.

Esto podría abrir nuevas posibilidades en atención primaria, urgencias y otros escenarios donde la detección temprana de alteraciones cardiacas puede determinar la necesidad de una evaluación más especializada. También plantea nuevos desafíos: establecer cuándo confiar en el análisis automatizado, cómo incorporarlo al razonamiento clínico y qué papel debe conservar la experiencia del médico frente a una herramienta que ahora puede “escuchar” y analizar por él.

Referencia: