La medicina de precisión busca que las decisiones terapéuticas se basen cada vez más en las características moleculares de cada paciente. En México, la biopsia líquida comienza a consolidarse como una de las tecnologías con mayor potencial para acercar este enfoque a la práctica clínica, particularmente en oncología.

A diferencia de la biopsia convencional, que requiere obtener tejido tumoral, la biopsia líquida utiliza una muestra de sangre para identificar material genético liberado por las células tumorales, incluido ADN tumoral circulante. Su análisis puede proporcionar información sobre las alteraciones moleculares del cáncer y contribuir a la selección de terapias dirigidas, así como al seguimiento de la evolución de la enfermedad.

El Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN) ha impulsado la investigación traslacional en este campo y recientemente reunió a especialistas del Instituto Nacional de Cancerología, Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, Hospital Infantil de México Federico Gómez, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y UNAM para analizar cómo convertir los hallazgos moleculares en herramientas clínicamente útiles.

Entre las aplicaciones estudiadas se encuentra el análisis de ADN tumoral circulante para identificar biomarcadores que ayuden a seleccionar tratamientos. En cáncer de ovario seroso de alto grado, por ejemplo, se investiga si estos marcadores pueden anticipar resistencia a la quimioterapia y orientar una selección terapéutica más individualizada. También se exploran aplicaciones en otras enfermedades oncológicas y en la detección de infecciones asociadas con cáncer.

La tecnología ya comienza a incorporarse a servicios especializados. En octubre, el Hospital Juárez de México informó la modernización de su Laboratorio de Histocompatibilidad, que incluye biopsia líquida mediante análisis de ADN libre circulante, además de secuenciación de segunda generación y citometría de flujo.

Sin embargo, su adopción generalizada todavía requiere generar evidencia clínica, estandarizar métodos, fortalecer la bioinformática y validar las pruebas en población mexicana y latinoamericana. El reto será demostrar cuándo la información obtenida mediante una muestra de sangre puede modificar de manera confiable el diagnóstico, pronóstico o tratamiento del paciente y traducirse en mejores resultados clínicos.

Referencias: