Un consenso global propone en The Lancet Diabetes & Endocrinology cambiar el nombre de síndrome de ovario poliquístico por Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino para reflejar mejor su fisiopatología multisistémica, reducir confusión diagnóstica y favorecer una atención más integral.

El síndrome de ovario poliquístico afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres y a más de 170 millones de mujeres en edad reproductiva a nivel global. Sin embargo, su nombre histórico ha sido ampliamente cuestionado por ser clínicamente impreciso: sugiere la presencia de “quistes” ováricos patológicos, cuando en realidad estos no son una característica definitoria de la enfermedad. Esta denominación ha contribuido a una visión reduccionista del padecimiento como un trastorno predominantemente ginecológico, cuando la evidencia actual lo reconoce como una condición endocrina, metabólica, reproductiva, dermatológica y psicológica con impacto multisistémico.

El nuevo nombre propuesto, Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino, busca corregir esa limitación conceptual. El término “poliendocrino” integra las alteraciones hormonales relacionadas con insulina, andrógenos, eje neuroendocrino y función ovárica; “metabólico” reconoce la asociación con obesidad, alteraciones de la glucosa, diabetes tipo 2, hipertensión, dislipidemia, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, apnea del sueño y riesgo cardiovascular; y “ovárico” mantiene la relevancia de la disfunción ovulatoria, infertilidad, irregularidad menstrual y complicaciones reproductivas, sin reducir el síndrome a la morfología ovárica.

La propuesta surge de un proceso global de consenso sin precedentes, con participación de 56 organizaciones académicas, clínicas y de pacientes, así como encuestas internacionales que reunieron respuestas de 14,360 personas con SOP y profesionales de salud de distintas regiones del mundo. El proceso utilizó métodos Delphi modificados, talleres con técnica de grupo nominal y análisis de implementación y mercadotecnia, priorizando exactitud científica, claridad, menor estigma, pertinencia cultural y factibilidad de adopción. De manera relevante, el consenso favoreció un nombre más preciso por encima de conservar el acrónimo PCOS o adoptar una denominación genérica.

El cambio no es solo semántico. Una nomenclatura más alineada con la fisiopatología puede mejorar la conciencia clínica, reducir retrasos diagnósticos, favorecer la atención longitudinal y multidisciplinaria, y fortalecer la coherencia entre investigación, guías clínicas, codificación sanitaria, financiamiento y políticas públicas. La implementación se plantea como una transición progresiva, acompañada de educación para profesionales y pacientes, adaptación en sistemas de salud y actualización de clasificaciones internacionales, incluyendo códigos diagnósticos.

Fuente:
1. Teede H, Khomami M, Morman R et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. The Lancet, 2026.