La inteligencia artificial (IA) está ganando espacio en el sector sanitario mexicano, desde herramientas de apoyo diagnóstico y análisis de imágenes hasta sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información clínica. Ante esta expansión, México comenzó a delinear una discusión sobre cómo regular el desarrollo y uso de estas tecnologías sin frenar su potencial para la investigación y la atención médica.

El 24 de septiembre de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que México debe abrir un debate amplio sobre los impactos de la IA y determinar qué aspectos requieren regulación. La propuesta contempla la participación de académicos, expertos y ciudadanos antes de establecer nuevas reglas.

Para la medicina, el debate adquiere especial relevancia. Una regulación podría abordar aspectos como protección de datos personales, transparencia de los algoritmos, supervisión humana, responsabilidad ante errores y seguridad de los pacientes. Estos elementos son particularmente importantes cuando una herramienta de IA participa en procesos como diagnóstico, selección de tratamientos o priorización de pacientes.

El tema no parte de cero. En el ámbito legislativo ya existen iniciativas que plantean incorporar la IA dentro de la regulación sanitaria. Una de ellas propone modificar la Ley General de Salud para establecer principios relacionados con seguridad, confiabilidad, transparencia, protección de datos, equidad y responsabilidad en el uso de IA en los servicios de salud. También plantea que la Secretaría de Salud participe en la elaboración de políticas y normas para su utilización en diagnóstico, tratamiento, prevención y gestión sanitaria.

La discusión también coincide con una mayor incorporación de IA en instituciones públicas. El Gobierno federal informó recientemente sobre el desarrollo de modelos de IA para optimizar procesos del IMSS, además de una Fábrica de Inteligencia Artificial destinada a desarrollar soluciones para servicios públicos.

Para los profesionales de la salud, uno de los puntos centrales será determinar qué grado de supervisión debe mantener el médico cuando una herramienta automatizada participa en una decisión clínica. También será necesario establecer mecanismos para evaluar el desempeño de estas tecnologías en diferentes poblaciones y evitar que errores o sesgos algorítmicos se traduzcan en decisiones clínicas inadecuadas.

La regulación, por tanto, podría convertirse en un componente importante de la incorporación responsable de IA al sistema sanitario mexicano. Más que definir únicamente qué tecnologías pueden utilizarse, el reto será establecer bajo qué condiciones pueden emplearse, quién supervisa su funcionamiento y cómo se protege al paciente cuando la tecnología interviene en la atención.

 

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