La guía publicada en Circulation propone una nueva estratificación clínica de la embolia pulmonar en cinco categorías (A–E) que orienta decisiones sobre hospitalización, terapias avanzadas y duración de la anticoagulación.
La guía 2026 de la American Heart Association y el American College of Cardiology introduce un nuevo marco clínico para la evaluación y manejo de la embolia pulmonar (EP) aguda en adultos. El documento propone una clasificación denominada Acute Pulmonary Embolism Clinical Categories (A–E), diseñada para mejorar la estratificación de riesgo y guiar decisiones terapéuticas. Este sistema organiza a los pacientes desde aquellos con enfermedad de bajo riesgo y sin síntomas hasta aquellos con falla cardiopulmonar e hipotensión persistente, permitiendo vincular directamente la gravedad clínica con las estrategias de manejo.
En esta nueva clasificación, los pacientes asintomáticos (categoría A) pueden ser dados de alta desde urgencias sin necesidad de hospitalización, mientras que los pacientes sintomáticos con baja severidad clínica (categoría B) generalmente pueden ser candidatos a alta hospitalaria temprana. En contraste, los pacientes con mayor riesgo, incluyendo aquellos con biomarcadores elevados o disfunción ventricular derecha (categoría C), falla cardiopulmonar incipiente (categoría D) o hipotensión persistente asociada a inestabilidad hemodinámica (categoría E), deben hospitalizarse para optimizar el tratamiento y la monitorización.
La guía también establece recomendaciones terapéuticas claras. En pacientes que requieren anticoagulación parenteral inicial, la heparina de bajo peso molecular se recomienda sobre la heparina no fraccionada. Para la anticoagulación oral, los anticoagulantes orales directos se prefieren sobre los antagonistas de vitamina K cuando no existen contraindicaciones, debido a su asociación con menor recurrencia de tromboembolismo venoso y menor riesgo de sangrado mayor. En pacientes con EP sin un factor de riesgo reversible mayor o con factores de riesgo persistentes, se recomienda considerar la continuación de la anticoagulación más allá de los 3–6 meses iniciales.
Finalmente, el documento enfatiza el papel de los equipos multidisciplinarios especializados en embolia pulmonar para mejorar la rapidez en la toma de decisiones y la implementación de terapias avanzadas. Estas incluyen trombólisis sistémica, trombólisis dirigida por catéter, trombectomía mecánica o embolectomía quirúrgica, particularmente en pacientes con EP de alto riesgo. Además, la guía recomienda un seguimiento clínico durante al menos un año tras el evento para identificar síntomas persistentes o limitación funcional que puedan sugerir enfermedad tromboembólica pulmonar crónica.
Fuente:
1. Creager M, et al. 2026 AHA/ACC/ACCP/ACEP/CHEST/SCAI/SHM/SIR/SVM/SVN Guideline for the Evaluation and Management of Acute Pulmonary Embolism in Adults: A Report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. Circulation. 19 February 2026