Esta semana se publicó en Circulation la nueva guía 2026 sobre el manejo de la dislipidemia, que incorpora las ecuaciones PREVENT-ASCVD y refuerza el papel de ApoB, Lp(a) y el calcio coronario en la toma de decisiones, además de establecer metas más estrictas para el control de lípidos.

La guía ACC/AHA 2026 introduce un cambio relevante en el abordaje de la dislipidemia al enfatizar un tratamiento más temprano y más individualizado para reducir la exposición acumulada a lipoproteínas aterogénicas. En prevención primaria, recomienda utilizar las ecuaciones PREVENT-ASCVD en adultos de 30 a 79 años en lugar de los modelos previos, con una estrategia práctica basada en calcular el riesgo, personalizarlo con factores no incluidos en la ecuación y, cuando persista incertidumbre, reclasificarlo mediante calcio coronario. Este enfoque refuerza que la toma de decisiones ya no debe depender solo del colesterol LDL aislado, sino de una valoración global del riesgo aterosclerótico.

Uno de los cambios más importantes es el regreso formal de metas terapéuticas de LDL-C y no–HDL-C, además del porcentaje de reducción. En prevención primaria, la intensidad del tratamiento se ajusta al riesgo estimado, con objetivos más estrictos conforme aumenta la probabilidad de eventos. En prevención secundaria, especialmente en pacientes con ASCVD y en aquellos de muy alto riesgo, la guía favorece metas más agresivas, con LDL-C <55 mg/dL y no–HDL-C <85 mg/dL en gran parte de estos casos. También amplía el papel de terapias no estatínicas como ezetimibe, inhibidores de PCSK9, bempedoico e inclisiran cuando no se alcanzan los objetivos con estatinas a dosis máximamente toleradas.

La guía también fortalece la caracterización del riesgo residual. Recomienda medir Lp(a) al menos una vez en todos los adultos para identificar riesgo aterosclerótico oculto, y reconoce a ApoB como una herramienta útil para afinar decisiones terapéuticas, sobre todo en pacientes con hipertrigliceridemia, diabetes, ASCVD o LDL-C ya bajo. De forma paralela, el calcio coronario adquiere mayor protagonismo no solo para decidir si iniciar tratamiento, sino también para definir la intensidad del mismo. La presencia de CAC >0 apoya el inicio de terapia hipolipemiante, mientras que cargas más altas de calcio se asocian con metas de LDL-C más estrictas, acercando el manejo de la aterosclerosis subclínica a una estrategia más intensiva y preventiva.

Finalmente, el documento amplía recomendaciones para poblaciones específicas como diabetes, enfermedad renal crónica, VIH, cáncer, embarazo con hipertrigliceridemia severa y dislipidemias familiares. En hipertrigliceridemia, reafirma que las estatinas siguen siendo la base para reducir riesgo cardiovascular, pero añade estrategias dirigidas a prevenir pancreatitis cuando los triglicéridos son marcadamente elevados. En conjunto, esta guía combina metas cuantitativas, biomarcadores avanzados e imagen subclínica para seleccionar antes y mejor a los pacientes que se beneficiarán de intensificar el tratamiento.

Fuente:
1. Blumenthal RS, et al. 2026 ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA guideline on the management of dyslipidemia: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association Joint Committee on Clinical Practice Guidelines. Circulation. 2026;153.