El uso de inteligencia artificial (IA) en la práctica médica ha evolucionado rápidamente, ofreciendo herramientas que van desde motores de búsqueda científica hasta asistentes conversacionales. Dos ejemplos de motores de búsqueda científica son OpenEvidence y MediSearch AI, cuyo uso puede impactar directamente en la forma en que los médicos acceden e interpretan la información científica.
MediSearch AI tiene como objetivo recuperar información de artículos científicos y presentarla de forma sintetizada, generalmente acompañada de referencias. Esto lo convierte en una herramienta útil para revisar literatura, explorar mecanismos fisiopatológicos o resolver dudas puntuales basadas en evidencia. Su fortaleza radica en la transparencia de las fuentes, aunque su capacidad de interpretación clínica es limitada, ya que se centra más en resumir que en integrar la información.
Por otro lado, OpenEvidence está diseñado como un asistente clínico basado en evidencia. A diferencia de un buscador, no solo recupera información, sino que la organiza e interpreta en un contexto clínico, ofreciendo respuestas más cercanas a la toma de decisiones médicas. Esto permite al médico plantear preguntas complejas —como abordajes diagnósticos o terapéuticos— y obtener respuestas estructuradas que integran evidencia con razonamiento clínico.
Entre las ventajas de estas herramientas se encuentran la rapidez, el acceso a grandes volúmenes de información y la optimización del tiempo clínico. No obstante, también presentan limitaciones, como posibles sesgos, omisión de evidencia relevante y la ausencia de contexto individual del paciente. Además, ninguna sustituye el juicio clínico ni debe emplearse introduciendo datos sensibles.
Por otra parte, los sistemas de OpenAI, como ChatGPT, actúan como asistentes clínicos conversacionales. Están diseñados para interactuar, interpretar preguntas complejas y generar respuestas explicativas. Sin embargo, al no ser un motor de búsqueda en tiempo real, puede generar respuestas sin referencias directas o con posibles imprecisiones.
En términos de seguridad, todas las herramientas requieren precaución. Ninguna debe utilizarse introduciendo datos sensibles de pacientes, y su uso debe alinearse con normativas de protección de datos. Y lo más importante, ninguna sustituye el juicio clínico ni la valoración individual del paciente.